1984 - George Orwell

...Confesó haber asesinado a distinguidos miembros del Partido, haber distribuido propaganda sediciosa, robo de fondos públicos, venta de secretos militares al extranjero, sabotajes de toda clase... Confesó que había sido espía a sueldo de Asia Oriental ya en 1968. Confesó que tenía creencias religiosas, que admiraba el capitalismo y que era un pervertido sexual. Confesó haber asesinado a su esposa, aunque sabía perfectamente —y tenían que saberlo también sus verdugos— que su mujer vivía aún. Confesó que durante muchos años había estado en relación con Goldstein y había sido miembro de una organización clandestina a la que habían pertenecido casi todas las personas que él había conocido en su vida. Lo más fácil era confesarlo todo —fuera verdad o mentira— y comprometer a todo el mundo. Además, en cierto sentido, todo ello era verdad. Era cierto que había sido un enemigo del Partido y a los ojos del Partido no había distinción alguna entre los pensamientos y los actos.

1984
GEORGE ORWELL

—¿Qué habéis hecho con Julia? —dijo Winston.
O'Brien volvió a sonreír.
—Te traicionó, Winston. Inmediatamente y sin reservas. Pocas veces he visto a alguien que se nos haya entregado tan pronto. Apenas la reconocerías si la vieras. Toda su rebeldía, sus engaños, sus locuras, su suciedad mental... Todo eso ha desaparecido de ella como si lo hubiera quemado. Fue una conversión perfecta, un caso para ponerlo en los libros de texto.
—¿La habéis torturado?
O'Brien no contestó.
—A ver, la pregunta siguiente.
—¿Existe el Gran Hermano?
—Claro que existe. El Partido existe. El Gran Hermano es la encarnación del Partido.
—¿Existe en el mismo sentido en que yo existo?
—Tú no existes —dijo O'Brien.

Si existe algún texto que haya formado decididamente mi afición por la gran y triste literatura, desencarnada y abrumadora, 1984 es uno de ellos. Aún me estremezco

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TM

1 comentario:

Alack dijo...

Una escritura tan descarnada y una lectura tan aterradora que te deja ese sinsabor, una desazón terrible.

Imprescindible.